Acciones para reducir el riesgo II

En la primera parte de esta serie vimos cómo las empresas navieras holandesas del siglo XVII recurrían a inversores particulares y a aseguradoras, para compartir los riesgos de una expedición comercial.

Emitía títulos a bajo coste, prometía beneficios, y contrataba seguros para cubrir posibles desastres.

Tú ponías el dinero, ellos ponían el barco.

Tú eres el inversor ahora, en esta parte de la obra.


Imagina (otra vez) que vives en la Holanda en el siglo XVII y una mañana paseando por el puerto de Ámsterdam te ofrecen comprar un papel.

Ese papel es un recibo que demuestra que has colaborado en financiar una expedición comercial.

El vendedor te explica los detalles de la expedición, cómo su empresa tiene el mejor barco que va a conseguir mucho beneficio llevando mercancías al Nuevo Mundo, y trayendo exóticos productos de vuelta.

Tu punto de vista, como accionista

Decides que pagar los 5 florines que te piden por cada título es buen negocio. Si el barco consigue cubrir el trayecto, podrás canjear tu título por 7 florines.

De hecho, tiene tan buena pinta que vas a comprar 2 títulos.

Cuando terminen el viaje, tendrás 4 florines más en tu bolsillo. Esos 4 florines extra son tu premio por tomar tu parte de riesgo.

El caso es que de camino a casa escuchas a Hans hablando con su cuñado sobre un terrible naufragio que ha habido.

Este año está habiendo más tormentas de lo habitual.


Empiezas a echar cuentas. Si el barco se hunde, te darán 6 florines, 3 por cada título. Y tu has pagado 10.

De repente te acuerdas de que no puedes permitirte perder tanto dinero. El otro día discutiste con Elsje, tu esposa. Deberías comprarle un ramo de tulipanes y por algún motivo, esas dichosas flores cada vez son más caras.

Así que cuando llegas a casa, le dices a tu vecino Werner que si no estaría interesado en participar en un negocio maravilloso de mercancías del Nuevo Mundo. Solo tiene que comprarte un título, que cuesta 6 florines y podrá canjearlo por 7 florines cuando vuelva el barco.

Tu vecino, que no es tonto, dice que no tiene ningún interés, pero que si se lo vendes por 4 florines te da un cuarto de queso de la tanda que acaba de terminar de hacer.

Miedoso a la vez que tentado por el olor aceptas. Miedo y hambre son mala condición para las inversiones, ya has perdido 1 florín.

Mejor dicho, se podría decir que has comprado un cuarto de queso por 1 florín, cuando en el mercado está por medio florín (que son 10 stuivers pero esa es otra historia).

En resumen

Como inversor, la promesa de beneficio es atractiva, pero el miedo también juega.

A veces ganas, otras veces vendes tus sueños por un cuarto de queso.

Pero cada título, cada decisión, es parte de una gran lección: el riesgo no desaparece, se negocia. Y tú decides cuánto estás dispuesto a cargar.